A pesar de que México enfrenta un excedente de maguey, las grandes tequileras siguen apostando por ampliar sus propias plantaciones, advierte José Luis Zaragoza, líder nacional de los agaveros. Su objetivo es disminuir la dependencia de productores independientes y garantizar un suministro estable a largo plazo.
Actualmente, el abastecimiento de agave se articula mediante un esquema mixto: cerca del 60 % procede de cultivos propios y el 40 % restante se compra a través de alianzas con productores externos.
Empresas como Cuervo han puesto en marcha programas de plantación continua que, sumando terrenos propios y arrendados, pueden alcanzar hasta 20 000 hectáreas anuales. Aunque parte de ese volumen proviene de “compras sociales” a pequeños productores, el despliegue masivo de cultivos controlados por las marcas amenaza con perpetuar la sobreproducción que arrastra el sector.
El Consejo Regulador del Tequila reportó que, al cierre de 2022, la Denominación de Origen ya acumulaba 426 425 hectáreas cultivadas, cifra que supera con creces la demanda actual y agudiza la presión sobre los agaveros independientes.
Especialistas alertan que esta expansión sin una planificación coordinada entre industria y agricultores podría intensificar la volatilidad del mercado. Mientras tanto, los productores tradicionales ven cómo la consolidación vertical de las grandes firmas reduce sus márgenes y limita su acceso al mercado.

