Este sábado marcó un hito histórico para México y, especialmente, para Nayarit: la UNESCO reconoció oficialmente la Ruta Wixárika por los sitios sagrados hacia Wirikuta como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, durante la 47ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial celebrada en París. Se trata de la primera práctica indígena viva en el país en recibir tal distinción.
Este corredor ritual de aproximadamente 500 kilómetros inicia en Tatei Haramara (San Blas, Nayarit) y culmina en Wirikuta (San Luis Potosí), atravesando los estados de Durango, Jalisco y Zacatecas. A lo largo del trayecto se enlazan 20 sitios sagrados con actividad ceremonial constante, reflejo profundo de una cartografía espiritual viva y compleja.
Guiados por los maraka’ames (chamanes), los peregrinos recorren este camino ancestral en silencio, cumpliendo ayuno, purificación y depositando ofrendas rituales como velas, flechas, jícaras y bordados en cada sitio activo. El ritual culmina en Wirikuta, donde se celebra la confesión pública frente al fuego de Tatehuari y se recolecta el peyote (hikuri), considerado sacramento bajo estrictas normas comunitarias.
La ruta no es estática: cambia año con año según factores climáticos, sociales y políticos. Algunas comunidades peregrinan de enero a marzo; otras, entre agosto y octubre. En todos los casos, el recorrido busca renovar el equilibrio cósmico, garantizar la continuidad de los ciclos agrícolas y pedir permiso a los ancestros para seguir habitando los territorios sagrados.
Además del valor cultural y simbólico, la ruta posee importancia ambiental: Wirikuta es una zona de alta biodiversidad en el desierto chihuahuense, hogar de especies endémicas, especialmente cactáceas protegidas. Su reconocimiento internacional refuerza el marco legal frente a concesiones mineras que han sido motivo de litigios y resistencia comunitaria en años recientes.
Organizaciones como el Consejo Regional Wixárika, el Consejo Interregional por la Defensa de Wirikuta y varias universidades han subrayado que este reconocimiento no es suficiente por sí solo. Requiere de medidas de salvaguarda activas, respeto a la autodeterminación de los pueblos originarios y protección integral del territorio. “La ruta no es un invento… queremos seguir haciéndola sin obstáculos ni invasiones”, expresó Totupica Candelario Robles, del Consejo Regional Wixárika.
La nominación se respaldó con un expediente técnico que incluyó documentos del INAH, estudios etnográficos de Olvera Galarza y van ’t Hooft, testimonios comunitarios, mapas, registros audiovisuales, así como aportes del INALI y la Fonoteca Nacional, que evidencian la vigencia de cantos rituales, instrumentos musicales como el kanari y el violín, y la transmisión generacional de saberes.
Con esta inclusión, México alcanza 36 bienes inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial, pero la Ruta Wixárika destaca como una práctica viva que articula ritual, ecología, espiritualidad, territorio y comunidad. Su protección exige políticas públicas eficaces, monitoreo continuo y, sobre todo, escucha y consulta real a quienes la han conservado durante generaciones.

