Chacala amaneció con un fulgor especial. No es sólo el sol sobre la costa nayarita: es el inicio de la Tercera Edición del Festival de Cine de Chacala 2025, un encuentro que, desde su nacimiento en 2023, se ha convertido en uno de los rituales culturales más entrañables del Pacífico.

Más que un festival, Chacala vive estos días como una fiesta comunitaria. Sus raíces se remontan al proyecto cultural y sustentable Chacala Pueblo Hotel – Pueblo Galería, iniciado hace más de dos décadas, donde el arte y la participación colectiva sembraron la semilla de lo que hoy florece en una celebración abierta y gratuita, frente al mar y bajo las palmeras.

Del 4 al 6 de diciembre, playa, selva y plaza se transforman en salas vivas. El festival cuenta con la colaboración del Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF) y de Contra el Silencio, Todas las Voces, además de aliados como el Archivo Manuel Ramos, el Hotel Majahua y La Casa de los Árboles de Apizaco, que hacen posible esta experiencia cinematográfica frente al Pacífico.

La iniciativa se expande con Cine en Red y los Ecomuseos de Nayarit, una ruta de exhibición comunitaria que busca acercar el cine a niñas, niños y jóvenes de distintas regiones del estado, acompañada de mediación cultural y curaduría especializada.

El programa abrió el jueves con Buenos días, Margarita y continuó con títulos como Levantamuertos: Cumbia for the Dead y La edad del agua. El viernes rindió homenaje al actor nayarita Joaquín Cosío, con proyecciones que van de relatos infantiles como Carey y el hijo del Rey Neptuno hasta clásicos contemporáneos como Pastorela. La jornada se extendió hasta la madrugada con la coproducción cubano-española Al Oeste, en Zapata.

La clausura, el sábado, incluye el documental Negra, seguido de Semillas, el legado de la tierra. A las 8:30 pm, Cosío dialogará con Raúl A. Méndez Lugo, antes de la proyección final: La dictadura perfecta, en el Hotel Selva Majahua.

En Chacala, el cine no sólo se mira: se comparte. Cada aplauso, cada silencio y cada carcajada se funden con la brisa marina y el murmullo de la selva, recordándonos que las historias —las nuestras y las de otros— son el tejido que nos une y nos sostiene.