Tras 109 años sin modificaciones, el Senado de la República aprobó por unanimidad la reforma constitucional que reduce la jornada laboral en México de 48 a 40 horas semanales. Durante la sesión del 11 de febrero de 2026, la iniciativa obtuvo 121 votos a favor y modificó el Artículo 123 de la Constitución. La implementación será gradual y se extenderá durante los próximos cuatro años.
La propuesta, enviada por el gobierno de Claudia Sheinbaum el 3 de diciembre de 2025, establece un calendario escalonado: en 2027 la jornada será de 46 horas; en 2028 bajará a 44; en 2029 a 42; y finalmente, en 2030 se alcanzarán las 40 horas semanales.
El dictamen aprobado aclara que la reforma no contempla la obligatoriedad de dos días de descanso por semana, aunque sí amplía el límite de horas extras permitidas, de nueve a 12 semanales, sin afectar sueldos ni prestaciones.
El sector empresarial anticipa ajustes estructurales. La consultora Sintec Consulting advirtió que la reducción progresiva implica una transformación profunda en los modelos operativos de organizaciones públicas y privadas, más allá de un simple cambio normativo. Señaló que la medida representa una oportunidad para rediseñar procesos, optimizar la gestión del talento y fortalecer la resiliencia organizacional.
Por su parte, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reporta que uno de cada cuatro trabajadores en México labora más de 48 horas a la semana. En contraste, el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado alertó que el ajuste podría elevar hasta en 36% los costos laborales, especialmente para micro, pequeñas y medianas empresas, dado que cerca del 60% de los trabajadores con prestaciones sociales superan las 40 horas semanales.
Con la aprobación unánime en el Senado, México inicia una transición histórica hacia la jornada laboral de 40 horas, con un horizonte fijado para 2030. El reto, coinciden especialistas, será equilibrar los beneficios sociales con los ajustes operativos y financieros que demandará la nueva realidad laboral.

