Domingo negro en Puerto Vallarta: violencia y vacío de autoridad

Este domingo, Puerto Vallarta vivió su jornada más crítica tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho. La operación militar en Tapalpa, Jalisco, con apoyo de la Fuerza Aérea y coordinación de inteligencia con Estados Unidos, derivó en un enfrentamiento que dejó siete delincuentes muertos y detonó una ola de violencia en el occidente del país.

Las calles del puerto se transformaron en escenarios de fuego: vehículos calcinados bloquearon el libramiento de El Remanse, la Zona Romántica y la carretera Federal 200 hacia Mismaloya. En Ixtapa, sujetos armados despojaron a ciudadanos de más de una docena de autos para incendiarlos y levantar barricadas. Ataques similares se registraron en el ingreso norte y en La Desembocada, mostrando la capacidad logística del crimen organizado.

La crisis se agravó por la ausencia de liderazgo municipal. El alcalde Luis Munguía optó por el silencio, sin emitir protocolos de emergencia ni directrices de protección civil. Negocios, gasolineras y plazas cerraron por iniciativa propia, mientras la población quedó a merced de rumores y comunicados privados. La falta de comunicación oficial alimentó la psicosis colectiva y profundizó la parálisis social.

La Secretaría de la Defensa Nacional anunció el envío de refuerzos desde el centro del país para recuperar el orden. Sin embargo, el daño a la imagen turística y la confianza ciudadana es severo. El domingo negro de Vallarta quedará marcado por las llamas, los bloqueos y la ausencia de un mando civil en el momento de mayor necesidad.