Disminuye mortalidad por infartos gracias a respuesta inmediata en clínicas del IMSS

La implementación de protocolos de atención urgente en las clínicas de seguridad social ha permitido reducir la mortalidad por padecimientos cardiovasculares, mediante una coordinación estrecha entre unidades médicas. Este esquema garantiza diagnósticos precisos desde el primer contacto y optimiza el tiempo de reacción para preservar la función del tejido cardiaco.

El director de la Unidad de Medicina Familiar No. 24 del Instituto Mexicano del Seguro Social, José Luis Rosales Temblador, explicó que el procedimiento inicia cuando un paciente ingresa con síntomas de alerta. En ese momento se realiza un electrocardiograma que se envía de forma digital a especialistas hospitalarios, quienes analizan los estudios de manera inmediata y definen el tratamiento inicial antes del traslado a una unidad de mayor complejidad.

La cercanía logística entre la clínica periférica y el hospital regional, con trayectos que promedian menos de quince minutos, incrementa las posibilidades de recuperación. Gracias a esta agilidad, el manejo clínico comienza prácticamente desde el arribo a la primera unidad, evitando que el daño al músculo cardiaco sea irreversible.

Un infarto ocurre cuando las arterias coronarias sufren una obstrucción repentina causada por coágulos, interrumpiendo el flujo sanguíneo y provocando necrosis en las células del tejido cardiaco. Sólo la atención médica urgente puede restablecer la circulación y detener el proceso.

Mensualmente se confirman al menos cinco casos positivos en estas instalaciones, aunque cerca de veinte pacientes acuden con síntomas sugestivos. Todos son canalizados a estudios de laboratorio para confirmar o descartar la patología, asegurando que nadie con riesgo real quede fuera de la vigilancia profesional.

Aunque la mayor incidencia se concentra en personas de entre 60 y 65 años, se ha registrado un aumento de casos en adultos jóvenes, incluso de 35 años. Los estilos de vida poco saludables, la obesidad y la falta de actividad física, sumados al control deficiente de enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión, son los principales detonantes.

Síntomas como dolor opresivo en el pecho, sudoración excesiva y pérdida repentina del conocimiento deben considerarse señales de alarma para buscar ayuda médica inmediata. La detección temprana resulta crucial, pues el tiempo transcurrido entre el inicio del malestar y la atención determina el grado de secuelas permanentes.

Bajo el protocolo denominado Código Infarto, el IMSS ha logrado sostener una tasa de supervivencia superior al 95 por ciento entre los derechohabientes atendidos. Un paciente que recibe estos cuidados especializados puede añadir hasta diez años a su expectativa de vida, siempre que mantenga apego a las recomendaciones médicas y modifique sus hábitos cotidianos.