La recuperación de un sello cilíndrico de arcilla en la zona costera de Santiago Ixcuintla ofrece nuevas perspectivas para el estudio de la cosmogonía de la tradición Aztatlán. Decorado con representaciones de aves sagradas, el objeto funcionaba como un puente simbólico entre los antiguos pobladores y las fuerzas de la naturaleza en la llanura deltaica del río Grande de Santiago.

El hallazgo se produjo de manera accidental en una parcela agrícola del ejido de Sentispac y, tras un proceso de gestión encabezado por la Junta Vecinal para la Conservación del Patrimonio Cultural, fue entregado por Raúl Lomelí Rubio al Centro INAH Nayarit. Investigadores lo describen como una pintadera de 7.2 centímetros de largo, manufacturada mediante modelado y acanalado en crudo, cuyo diseño cilíndrico permitía estampar patrones repetitivos sobre diversas superficies con fines rituales durante el Posclásico Temprano.

El arqueólogo Mauricio Garduño Ambriz explicó que las figuras plasmadas —un águila (cuauhtli) y un zopilote (cozcacuauhtli)— se asocian al culto solar y la regeneración vegetal, evidenciando una estandarización simbólica en la fase cultural Cerritos (850–1100 d.C.). Además, la presencia de pigmento azul turquesa (xihuitl) sugiere que el sello se utilizaba para representar la banda celeste en ceremonias agrícolas vinculadas a la lluvia y al maíz.

Actualmente, el artefacto se encuentra bajo tratamiento de conservación en el Museo Regional de Nayarit, donde especialistas como el restaurador Daniel Gallo Arana trabajan para preservar los residuos de color original pese a las fisuras ocasionadas por el paso del tiempo. Autoridades destacaron la importancia de la colaboración ciudadana en la protección del patrimonio, subrayando que la entrega del objeto fue posible gracias a la vinculación entre la comunidad de Pozo de Ibarra y los especialistas federales, según el arquitecto Othón Yaroslav Quiroga García.