El exceso de tráfico marítimo en la bahía ha desatado una crisis de seguridad, derivada de la ausencia de un reglamento que ordene la navegación. La saturación de embarcaciones, combinada con la temporada alta de avistamiento de ballenas, ha convertido la actividad recreativa en un riesgo creciente, donde los accidentes fatales comienzan a ser recurrentes ante la falta de autoridad que regule el tránsito en el mar.

Astrid Frisch Jordán, presidenta de Ecología y Conservación de Ballenas A.C., advirtió que la solución radica en replicar el orden terrestre sobre el agua. Comparó la situación con conducir en una ciudad sin semáforos ni sentidos viales, un escenario de caos que amenaza tanto la integridad de los turistas como la protección de la fauna marina.

La propuesta técnica para frenar las colisiones plantea la creación de carriles de navegación específicos y la delimitación de zonas de baja velocidad obligatoria. El objetivo es separar el flujo de embarcaciones de las áreas críticas de crianza de los cetáceos, reduciendo la probabilidad de impactos mediante un ordenamiento territorial estricto.

Aunque nadie zarpa con la intención de chocar, la falta de normativa deja la seguridad al criterio individual de cada capitán. Esta situación ya ha cobrado vidas humanas y recientemente provocó que una cría de ballena sufriera cortes profundos por una propela.

La urgencia de establecer reglas claras de tránsito marítimo se ha vuelto evidente: sin ellas, la bahía enfrenta un escenario insostenible donde el turismo, la seguridad y la conservación de la vida marina están en riesgo.