¿Defensa de la soberanía o puesta en escena de disciplina partidista?

El gobernador de Nayarit, Miguel Ángel Navarro Quintero, encabezó la llamada Marcha de la Soberanía en Tepic, un acto que, más allá de la retórica oficial, expuso las contradicciones de su propio discurso político. Apenas semanas atrás, el mandatario había condenado las movilizaciones de burócratas y maestros, acusándolos de alterar el orden público y de actuar en perjuicio de la gobernabilidad. Sin embargo, ahora convocó a miles de ciudadanos y sectores institucionales a marchar bajo su liderazgo, en un ejercicio que revela la doble vara con la que mide la protesta social.

El evento, presentado como parte de las Jornadas Nacionales en Defensa de la Soberanía, se convirtió en una demostración de alineamiento político más que de independencia estatal. Navarro Quintero insistió en que desde Nayarit se refrenda el compromiso con la soberanía nacional, pero sus palabras estuvieron marcadas por un mensaje repetitivo y estudiado sobre el apoyo a la presidenta Sheinbaum, a quien dedicó mensajes de respaldo absoluto: “Presidenta, somos millones de mexicanas y mexicanos a su lado”.

La convocatoria masiva respondió más a una estrategia de obediencia política que a un genuino ejercicio ciudadano. El gobernador, que suele descalificar las expresiones de inconformidad de trabajadores y docentes, utilizó esta movilización como plataforma para mostrar lealtad al proyecto nacional, reforzando la idea de que las decisiones locales están subordinadas a la línea marcada desde el centro.

En conclusión, la Marcha de la Soberanía en Tepic no fue un acto de defensa de la independencia ni de la dignidad popular, como se proclamó, sino una puesta en escena de disciplina partidista. El contraste entre la condena a las marchas sociales y la organización de esta movilización oficialista deja en evidencia la incoherencia del discurso gubernamental y la fragilidad de la soberanía cuando se confunde con obediencia política.