El Buen Fin y la delgada línea entre oferta y simulación

Aunque el evento se presenta como una oportunidad para adquirir productos a precios reducidos, en los últimos años ha disminuido la participación ciudadana, debido a la percepción de que muchas promociones no representan descuentos reales.

A pesar de los anuncios publicitarios que prometen rebajas significativas, diversos consumidores expresan su escepticismo. Marcelina Ayala, por ejemplo, considera que los precios no son confiables. “Sale a razón de la misma, está más caro”, comentó, tras revisar precios que, según ella, se inflan antes del evento para luego ser reducidos, sin representar un ahorro efectivo.

Ramón Hernández comparte esta visión. Aunque algunos de sus hijos participan en las compras, él afirma que “como si no le agarra uno sabor” al Buen Fin. Reconoce que hay quienes aseguran que “sí costea”, pero en su experiencia, los precios apenas varían. “El Buen Fin fuera para que fueran más barato, pero no, casi viene siendo lo mismo”, lamentó.

Para muchos, el Buen Fin ha dejado de ser una jornada de ahorro y se percibe más como una estrategia comercial. Mientras algunos consumidores se preparan para aprovechar las ofertas, otros optan por la cautela, evitando compras impulsivas y cuestionando la autenticidad de los descuentos.