Geraldine Ponce: espectáculo tardío y contradicciones al volante

Enchalecada y fuertemente custodiada, Geraldine Ponce apareció en las calles de Tepic más de 24 horas después de los hechos que habían alterado la tranquilidad de la ciudad. El operativo municipal, con chaleco antibalas incluido, llegó cuando todo ya se había calmado. Más que un acto de autoridad, la escena se percibe como un montaje tardío, pensado para la foto y no para la seguridad real.

Lo que no pasó desapercibido fue el comportamiento de su chofer al volante: se saltó semáforos y la alcaldesa circuló sin cinturón de seguridad. Mientras se presentaba como garante del orden, incumplía las normas básicas que exige a los ciudadanos. La contradicción es evidente: la autoridad que presume disciplina ignora las reglas más elementales.

El contraste con el discurso oficial resulta aún más llamativo. Apenas un día antes, medios afines al Ayuntamiento criticaban acciones similares realizadas por Héctor Santana, señalando que no correspondían al municipio y que lo correcto era “ponerse a trabajar”. Sin embargo, cuando la protagonista es Ponce, el despliegue se convierte en un acto de legitimación política, aunque llegue tarde y con evidente doble rasero.

La narrativa se complica con otro episodio: el domingo, la alcaldesa permaneció virtualmente desaparecida y su equipo de comunicación cometió un error de principiante. Al olvidar cambiar de cuentas, su community manager publicó un comentario en redes sociales que resultó ser un autoelogio escrito desde la propia cuenta de Geraldine Ponce. Un desliz que expone improvisación y falta de rigor en la estrategia de comunicación institucional.

El saldo es claro: una alcaldesa que aparece tarde, que incumple la ley mientras presume orden, que contradice su propio discurso y que además exhibe torpeza en el manejo de su imagen pública. Más que autoridad, lo que proyecta es un espectáculo de incongruencias.