La jornada de violencia y bloqueos que paralizó al estado dejó en claro un contraste político difícil de ignorar. Mientras Héctor Santana, alcalde de Bahía de Banderas, recorrió personalmente las calles coordinando a policías, bomberos y Protección Civil, manteniendo comunicación directa con la ciudadanía, en Tepic la ausencia de liderazgo fue evidente.

Durante las horas más tensas, el paradero de la presidenta municipal Geraldine Ponce fue desconocido. Aunque tenía programado un evento en San Blas —como acostumbra últimamente, lejos de sus responsabilidades en la capital— no apareció públicamente ni para cancelarlo. La ciudadanía, en medio de la incertidumbre, se preguntaba quién estaba al frente de la crisis en la ciudad.

El contraste se acentuó cuando desde cuentas vinculadas al Ayuntamiento capitalino, donde los mensajes suelen salir de la oficina de Ponce y Alejandro Galván, se lanzaron señalamientos contra Santana, argumentando que la policía municipal es solo preventiva y no debía “meterse” en temas de seguridad. Sin embargo, en momentos de crisis la gente no pregunta qué dice el reglamento: pregunta quién está dando la cara.

Horas después, ya con los bloqueos despejados y la situación más controlada, Geraldine Ponce reapareció con un video, el cual levantó suspicacias: detalles en la iluminación, inconsistencias en el fondo y elementos que hicieron dudar a varios sobre si realmente estaba donde decía estar.

La narrativa oficial intentó capitalizar la calma, pero la percepción ciudadana ya había registrado la diferencia: un alcalde presente en la calle frente a la emergencia y una presidenta ausente, que solo apareció cuando el peligro había pasado. En momentos de crisis, la presencia importa, y ayer quedó claro quién la tuvo y quién decidió desaparecer.