En las costas de Nayarit, cada agosto aparece fugazmente un camarón único: los pescadores lo conocen como Banda Colorada o Pata Colorada. Es más grande, crece más rápido y tiene una talla codiciada, pero rara vez se aprovecha. ¿La razón? La veda federal impide su captura hasta el 10 de septiembre, cuando ya ha regresado al mar.
Juan de Dios Fernández, líder de los pescadores ribereños, lo resume con resignación:
«Ese camarón sale a principios de agosto. Es tan grande que a veces ni lo tocamos. Se va, y se pierden unas dos mil 500 toneladas cada año.»
Las autoridades justifican la espera para permitir su reproducción, pero Fernández discrepa. Afirma que el Pata Colorada sale en tamaños de hasta 16/20, y que su valor comercial supera con creces al del camarón blanco, el más común en la región. Sin embargo, no se autoriza su captura a tiempo.
Su propuesta es clara: regionalizar la veda y adelantarla al menos al 15 de agosto. Las condiciones del litoral no son uniformes, insiste, y aplicar una fecha única resulta ineficaz. «Cada temporada lo repetimos —dice—, pero seguimos perdiéndolo.»
Aunque los pescadores aplican técnicas de contención como encierros y tapos, las mareas de septiembre arrasan con todo. El camarón se va, y con él, una parte valiosa de la economía local. Algunos, conocidos como changueritos, lo capturan sin respetar la veda. La mayoría, simplemente lo ve escapar.
Fernández no pide quebrantar la ley, sino adecuarla a la realidad de su costa.
«Déjenlo crecer, sí, pero permítannos pescarlo antes de que se pierda otra vez.»

