La Ruta Wixárika a Wirikuta, recientemente reconocida por la UNESCO como Patrimonio Mundial, es mucho más que un recorrido: es una travesía espiritual que conecta a la comunidad wixárika con sus dioses, sus ancestros y la naturaleza. A lo largo de 500 kilómetros, esta peregrinación atraviesa paisajes de Nayarit, Durango, Jalisco, Zacatecas y San Luis Potosí, revelando la riqueza cultural y espiritual de uno de los pueblos originarios más emblemáticos de México.
Desde tiempos inmemoriales, los wixaritári han caminado esta ruta sagrada para agradecer por la vida, renovar su vínculo con el universo y mantener viva su cosmovisión. Hoy, este legado milenario recibe un reconocimiento internacional que también protege su territorio frente a amenazas como la minería y el desarrollo industrial.
Aquí te presentamos cinco paradas esenciales en este viaje lleno de simbolismo, belleza natural y tradición:
1. Tatei Haramara, Nayarit

El mar es el punto de partida. En San Blas, dos piedras blancas frente a la Isla del Rey marcan el sitio donde, según la tradición wixárika, nació la vida. Tatei Haramara, diosa del mar, y Takutsi Nakawé, la abuela de todas las cosas, habitan este lugar. Es la primera estación de la ruta, donde el plano espiritual comienza a revelarse.
2. Hauxa Manaka, Durango

En el Cerro Gordo, el punto más alto de Durango, los wixaritári realizan rituales entre abril y mayo. Este sitio, considerado sobreviviente del diluvio, reúne a comunidades enteras en ceremonias que incluyen ayunos espirituales y plegarias por el bienestar familiar. Aquí, el “tata dios” escucha las peticiones de su pueblo.
3. Xapawiyemeta, Jalisco

En el lago de Chapala, la Isla de los Alacranes es el lugar donde nació la lluvia y la humanidad tras el diluvio. Xapawiyemeta, “el lugar de nuestra madre”, es uno de los centros ceremoniales más importantes. También destaca Mezquitic, el corazón del mapa sagrado wixárika, que forma el “ojo de Dios” con sus cuatro puntos cardinales.
4. La entrada al desierto, Zacatecas

Zacatecas alberga 19 sitios sagrados y la última de las cinco puertas que los wixaritári deben cruzar para llegar a Wirikuta. Aunque no hay una ubicación física exacta, cerros como Las Antenas y El Padre representan el umbral final antes de entrar al desierto. Para convertirse en marakame, un wixárika debe visitar Wirikuta al menos cinco veces.
5. Desierto de Wirikuta, San Luis Potosí

El destino final. En este vasto desierto, los wixaritári dejan ofrendas de maíz, flechas y jícaras, y consumen peyote para entrar en contacto con sus dioses. El cerro del Quemado, donde apareció el Sol por primera vez según su tradición, es el epicentro espiritual. Aquí, la comunidad renueva la vida y asegura el bienestar de su pueblo.
A un costado de Wirikuta se encuentra Real de Catorce, un antiguo pueblo minero que hoy es símbolo de resistencia y espiritualidad. Sus paisajes y su cercanía con los rituales wixárika lo han convertido en un atractivo turístico con alma sagrada.
La Ruta Wixárika no es solo un camino: es una historia viva que sigue latiendo en cada paso, cada ofrenda y cada oración. Y ahora, el mundo entero la reconoce como un tesoro cultural que merece ser protegido.

