A partir de esta semana, entra en vigor una medida federal que prohíbe la fabricación y comercialización de ciertos productos químicos utilizados históricamente en el campo mexicano sin regulación efectiva. En Nayarit, estos compuestos han sido comunes entre productores de caña, café y aguacate, pero ahora, por decreto presidencial, quedarán fuera del mercado.
Entre los químicos vetados se encuentran el carbofurán y el endosulfán, sustancias prohibidas en varios países desde la década de los setenta por sus efectos nocivos en la salud humana y el medio ambiente. Sin embargo, en México, su venta ha persistido tanto en canales formales como en el mercado clandestino. Julio Berdegué, titular de la Secretaría de Agricultura, calificó esta decisión como histórica, señalando que nunca antes se había implementado una prohibición de esta magnitud. También advirtió sobre la necesidad de revisar las prácticas de países exportadores que aún utilizan moléculas prohibidas en sus cultivos.
Aunque los pesticidas —en polvo, gas o líquido— fueron diseñados para combatir plagas y mejorar el rendimiento agrícola, especialistas como Marco Antonio Vargas advierten sobre sus efectos adversos, especialmente en trabajadores del campo que los manipulan sin protección adecuada. Vargas subraya la urgencia de adoptar alternativas como el reciclaje de materia orgánica, la rotación de cultivos y el control biológico de plagas, estrategias que reducen el riesgo para las personas y el entorno.
Desde la perspectiva de los productores, esta transición también abre nuevas oportunidades. Rigoberto García de León, cafeticultor de Compostela con presencia en Puerto Vallarta y exportaciones a Estados Unidos, considera que el café orgánico representa una alternativa viable y saludable. “Al no contener pesticidas ni fertilizantes químicos, el café orgánico ofrece más antioxidantes y nutrientes. Es una ganancia para todos: para los consumidores, para los agricultores y para el medio ambiente”, afirmó.
La prohibición será escalonada: algunos compuestos saldrán del mercado este mismo año, mientras que otros serán retirados en 2026, conforme a los lineamientos de los convenios internacionales de Basilea, Rotterdam y Estocolmo. El objetivo es claro: avanzar hacia un modelo agrícola más sustentable, con tierras más limpias y prácticas que protejan tanto la salud humana como los ecosistemas, especialmente en regiones como Nayarit, donde el campo sigue siendo motor económico y cultural.

