La empresa canadiense Miravalles Gold Corp. anunció un nuevo paso en la exploración del proyecto Fairfield, ubicado entre los municipios de Compostela y Xalisco, en un antiguo distrito minero con antecedentes de oro, plata y cobre. El reporte técnico presentado bajo la norma canadiense NI 43-101 abarca cinco concesiones que suman más de mil hectáreas y contempla una primera inversión de un millón de dólares canadienses para estudios geológicos, levantamientos aéreos y perforaciones.
Aunque la compañía insiste en que se trata de una etapa preliminar sin autorización para explotación comercial, la noticia revive la preocupación por el historial de las mineras canadienses en México y el mundo. Casos documentados en estados como Sonora, Guerrero y Zacatecas, así como en países de América Latina y África, han evidenciado impactos severos: contaminación de mantos acuíferos, destrucción de ecosistemas y conflictos sociales por el despojo de tierras. La promesa de desarrollo económico suele quedar eclipsada por los costos ambientales y humanos que acompañan a estos proyectos.
En Nayarit, la memoria histórica de la minería no es ajena a la devastación. Los antecedentes de explotación en la zona, desde los trabajos de ASARCO en la década de 1930 hasta las perforaciones del Servicio Geológico Mexicano en 2005, muestran que la riqueza mineral ha sido utilizada sin que las comunidades locales reciban beneficios proporcionales. Ahora, Miravalles Gold busca adquirir el 100% del proyecto mediante pagos y acciones, además de una regalía sobre los retornos de fundición, esquema que privilegia a los inversionistas extranjeros por encima de la población local.
La reactivación de Fairfield plantea interrogantes sobre el futuro ambiental y social de la región. Mientras la empresa habla de hipótesis de exploración y potencial económico, las comunidades enfrentan el riesgo de repetir experiencias de contaminación y abuso que ya han marcado a otras entidades. La vigilancia ciudadana y la exigencia de transparencia en los permisos serán determinantes para evitar que Nayarit se convierta en otro escenario de saqueo disfrazado de progreso.

