En Nayarit y otras entidades del país, habitantes de pueblos indígenas y afromexicanos acceden a recursos directos para impulsar la productividad del campo, sin la intervención de intermediarios. El padrón nacional reporta que más de un millón de personas reciben incentivos mediante el esquema Producción para el Bienestar, lo que garantiza que los apoyos lleguen de manera transparente a quienes sostienen el abasto alimentario.
La dispersión de estos capitales busca potenciar cultivos prioritarios en pequeña y mediana escala dentro de 29 entidades federativas. En el caso de Nayarit, la diversidad de granos coloca al estado como referente en la producción regional. Las estadísticas oficiales señalan que la mayoría de los beneficiarios son hombres, aunque un número creciente de mujeres encabeza proyectos agrícolas que fortalecen la economía familiar y comunitaria.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, refrendó el compromiso de garantizar que los programas de asistencia social lleguen oportunamente a los sectores rurales. La política de atención directa prioriza a los pueblos originarios, integrando de manera equitativa a quienes trabajan las tierras agrícolas en zonas serranas y valles, con el objetivo de fomentar justicia social y desarrollo incluyente.
Uno de los pilares técnicos de esta estrategia es la preservación del sistema milpa y el uso de semillas nativas. Los apoyos se destinan principalmente a la siembra de maíz, frijol y calabaza, prácticas ancestrales que aseguran biodiversidad y fortalecen la identidad cultural frente a los retos del mercado global.
La integración de cultivos como caña de azúcar y café amplía el alcance del programa, consolidando al sector agrícola como motor de bienestar social. Estas acciones promueven soberanía alimentaria y un entorno sustentable, donde los conocimientos de los pueblos originarios son reconocidos como patrimonio fundamental del país.

