Fátima Bosch Fernández, originaria de Teapa, Tabasco, tiene 25 años y desde temprana edad mostró interés por la moda y la belleza, lo que la llevó a orientar sus estudios hacia este ámbito. Cursó la licenciatura en Diseño de Indumentaria y Moda en la Universidad Iberoamericana, formación que complementó con estudios en la Nuova Accademia di Belle Arti (NABA) de Milán y en el Lyndon Institute de Vermont, Estados Unidos.
Aunque hoy es considerada una de las figuras mexicanas más influyentes en el mundo de la moda y el modelaje, su infancia estuvo marcada por episodios de bullying escolar. En una entrevista con Telereportaje, realizada en julio pasado, recordó:
“Las niñas eran muy crueles conmigo y una que otra maestra quizá no tenía paciencia (…) No tengo rencor. Cada persona es responsable de sanarse a sí misma”.
Bosch se ha definido como una persona neurodivergente, pues desde pequeña enfrentó retos de aprendizaje relacionados con el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), dislexia e hiperactividad, condiciones que trabaja día con día para superarse.
La primera invitación para participar en Miss Universo México le llegó a los 19 años, pero decidió rechazarla para concluir sus estudios. Este 2025 tomó la decisión de concursar y rápidamente se convirtió en una de las favoritas, hasta alcanzar el título de Miss Universo.
Durante su etapa universitaria impulsó proyectos que reflejaban su compromiso social y ambiental, como una exhibición de ropa confeccionada con telas recicladas. También colaboró con asociaciones y fundaciones, entre ellas Gritos de Amor, dedicada a apoyar a migrantes no acompañados.
En el certamen, su participación inició con la pasarela en traje de baño, donde lució un trikini blanco acompañado de plataformas beige y orquídeas doradas, mostrando seguridad y elegancia. Posteriormente, en la pasarela de vestido de noche, desfiló con un diseño rojo de cuello alto con detalles dorados y un velo del mismo tono, reforzando su presencia escénica.
Su desempeño la colocó en el Top 5, lo que le permitió regresar al escenario para una última pasarela y enfrentar dos rondas de preguntas. En la primera, habló sobre los retos de ser mujer en 2025 y expresó su intención de usar su voz para generar cambios y promover espacios seguros. En la segunda, compartida por todas las finalistas, señaló que, de obtener el título, buscaría inspirar a las niñas a expresarse y reconocer que su voz merece ser escuchada.
Su respuesta fue decisiva y le otorgó el primer lugar del certamen, consolidándola como la nueva Miss Universo 2025 y como una representante que combina talento, preparación académica y compromiso social.

