Cuando las nubes se disiparon en el último día de diciembre, los pluviómetros de Nayarit revelaron un dato que no se registraba en quince años: el cielo había entregado 1,477.9 milímetros de agua. En 2025, la sequía que por años castigó al estado se transformó en abundancia, alcanzando el nivel más alto desde 2010, cuando se contabilizaron 1,649.8 milímetros.
El Servicio Meteorológico Nacional confirmó que la entidad cerró el año libre de sequía, un hecho excepcional en un país donde el estrés hídrico es constante. Mientras estados del norte como Sinaloa y Coahuila enfrentaban porcentajes alarmantes de territorio bajo escasez severa, Nayarit se convirtió en un oasis gracias a un junio histórico en lluvias y a los frentes fríos de diciembre que terminaron de saturar los suelos y embalses.
La abundancia fue tal que presas como La Yesca y Aguamilpa concluyeron con niveles superiores al 90 por ciento, asegurando energía y riego para los próximos ciclos agrícolas. Sin embargo, el exceso también dejó huella: miles de hectáreas en la costa resultaron inundadas, recordando que la frontera entre beneficio y desastre es frágil.
De esta manera, 2025 quedará marcado como el año del reajuste hídrico en Nayarit: un ciclo en el que la lluvia borró déficits acumulados, devolvió verdor al territorio y preparó al estado para enfrentar el 2026 con reservas plenas, mientras sus vecinos del norte continúan esperando el alivio que aquí, finalmente, llegó.

