El ciclo agrícola en la costa arranca con un panorama incierto. A finales de esta semana se dará inicio oficial a la cosecha de las distintas variedades de frijol, pero el ambiente en las parcelas dista de ser optimista: el rendimiento por hectárea se prevé muy por debajo de lo esperado debido a un ataque masivo de plagas que afectó gravemente el desarrollo de las siembras.
Los recorridos de inspección en zonas clave, como el ejido Guadalupe Victoria y sus anexos, revelaron un escenario preocupante: numerosas plantas resultaron estériles, sin vainas ni grano, tras la interrupción de la etapa de floración. Los responsables son plagas recurrentes en el agro, el gusano cogollero y la mosquita blanca, cuya voracidad arrasó con la inversión de los productores.
La situación se complica por un fenómeno inesperado. Fernando Brahms, representante de los agricultores afectados, advirtió que “por causas desconocidas, los gusanos se hicieron resistentes a los insecticidas”. Esta resistencia anuló la efectividad de los tratamientos químicos, dejando a los cultivos expuestos y generando pérdidas económicas aún sin cuantificar.
El impacto social de esta crisis fitosanitaria es considerable. Los reportes preliminares estiman que más de 400 frijoleros del municipio verán comprometidos sus ingresos en esta temporada, enfrentando la difícil realidad de cosechar únicamente lo que sobrevivió al embate de las plagas.

