El saldo preliminar de la jornada violenta registrada el domingo 22 asciende a más de 200 vehículos particulares incendiados en distintos sectores de Puerto Vallarta. A esta cifra se suman 27 unidades del transporte público y múltiples camiones de carga utilizados por grupos delictivos como bloqueos para paralizar la movilidad del destino turístico. La magnitud de los daños refleja uno de los episodios más graves en la historia reciente de la ciudad, donde el fuego fue empleado como herramienta de control territorial tras la caída del líder criminal conocido como El Mencho.
El sector comercial resultó especialmente afectado: más de 50 tiendas Oxxo fueron consumidas por las llamas. Al menos una decena de estos establecimientos fueron incendiados, vandalizados y saqueados ante la ausencia de autoridades en los momentos de mayor tensión. También se reportaron ataques contra tres sucursales de Farmacias Guadalajara y una docena de tiendas Kiosko, extendiendo la ola de violencia a puntos de abastecimiento básico de la población.
Hasta la tarde del lunes, la delegación de Ixtapa mantenía un paisaje urbano marcado por decenas de unidades calcinadas que obstruían avenidas principales. La demora en el retiro de los restos vehiculares ha dificultado la reactivación de las actividades cotidianas y evidenciado la lentitud de respuesta institucional para limpiar las arterias viales. Esta inmovilidad prolongada mantiene el recordatorio físico de los ataques simultáneos que desarticularon la operatividad del puerto durante más de 24 horas.
El Código Rojo permaneció vigente gran parte del lunes, aunque a partir de las 16:00 horas se registró un retorno parcial de la ciudadanía a las calles. Las autoridades estatales y federales mantienen la recomendación de permanecer en los hogares y evitar desplazamientos innecesarios mientras se restablece el orden público. En el vecino estado de Nayarit, los protocolos incluyen cierre de dependencias gubernamentales y suspensión de clases para proteger a las familias.
La normalización total de Puerto Vallarta depende ahora de la remoción de escombros y del refuerzo de seguridad por parte de las tropas desplegadas. El impacto económico y psicológico de la pérdida de cientos de vehículos y la destrucción de infraestructura comercial representa un desafío sin precedentes para recuperar la confianza de los habitantes y del sector turístico. Por el momento, el silencio y la vigilancia militar dominan las zonas que fueron escenario de las llamas, en una jornada que ha marcado la percepción de seguridad en el occidente del país.

