Los cuestionamientos sobre el aparente abandono de la zona norte de Nayarit han puesto bajo la lupa al Gobierno estatal y municipal. El Secretario de Turismo, Juan Enrique Suárez, reconoció que el desarrollo de El Novillero —una de las playas más largas del mundo— sigue estancado por problemas que llevan años sin resolverse.
El funcionario admitió que la tenencia irregular de la tierra es el principal obstáculo, con predios vendidos hasta tres veces, lo que genera incertidumbre jurídica y frena cualquier inversión. Sin embargo, más allá de este problema, la falta de coordinación institucional ha sido evidente: Tecuala fue el último municipio en adherirse a los consejos consultivos turísticos, retrasando acuerdos básicos para avanzar.
Aunque el Gobierno estatal presume obras como la rehabilitación del malecón, la realidad es que no existe infraestructura básica —ni plantas de tratamiento ni disponibilidad de agua suficiente—, ni capacidad hotelera para sostener un flujo turístico. La planeación ambiental, indispensable para un desarrollo sustentable, tampoco ha pasado del discurso.
Suárez reveló que asesoran a siete desarrolladores con proyectos en la zona, pero el avance es mínimo. “Por más esfuerzos que hacemos debemos de tener siempre el apoyo del municipio”, dijo, evidenciando la lentitud y falta de compromiso local.
El contraste es claro: mientras se habla de potencial turístico y se insiste en la necesidad de promoción, las condiciones mínimas siguen sin resolverse. La falta de certeza jurídica, infraestructura y voluntad política han convertido a El Novillero en un destino de promesas incumplidas, donde la burocracia y la descoordinación pesan más que el atractivo natural de la playa.

