El primero de mayo, Netflix estrenó El Yerno, película dirigida por Gerardo Naranjo y protagonizada por Adrián Vázquez, que se presenta como una sátira del sistema político mexicano. La trama sigue a José Sánchez, un hombre marcado por fracasos personales que encuentra una segunda oportunidad en la política. Su estilo confrontativo y carisma lo llevan a convertirse en fiscal general de Albacruz, entidad ficticia donde transcurre la historia.
Desde ese cargo impulsa la creación de una policía de élite, pero pronto se ve envuelto en acuerdos con grupos criminales que terminan por definir su destino. El desarrollo muestra cómo las alianzas con empresarios y políticos derivan en un ascenso meteórico, seguido por investigaciones periodísticas y procesos judiciales en Estados Unidos que culminan con su detención. La narrativa combina sátira y drama para exponer los vínculos entre poder político y crimen organizado.
La recepción en Nayarit ha estado marcada por las comparaciones con la trayectoria del exfiscal Edgar Veytia, cuya historia guarda paralelismos con la ficción: su llegada a la política local, la creación de una policía de élite y los acuerdos con grupos criminales. Aunque la producción insiste en que El Yerno no está basada en hechos reales, las similitudes han alimentado la conversación pública y reavivado recuerdos de un capítulo oscuro en la política regional.
Más allá de las referencias, la película se inscribe en la tradición del cine político mexicano que cuestiona las estructuras de poder y sus contradicciones. Con un tono que recuerda a las obras de Luis Estrada, El Yerno busca provocar reflexión y debate en torno a la corrupción, la ambición y las consecuencias de un sistema que parece repetirse en distintos escenarios. La sátira se convierte así en espejo incómodo de una realidad que, aunque disfrazada de ficción, resulta familiar para la audiencia.

