Pescadores ribereños reclaman precio justo del camarón

Las pangas salieron al estero reparadas y con el tanque lleno, pero el camarón que vuelve en ellas se paga en la orilla a 30 pesos el kilo si es chico y a 40 si es grande. Con esas cifras, los ocho mil pescadores organizados en la Asociación de Pescadores Ribereños hacen cuentas y todavía no les salen.

Juan de Dios Fernández, líder de la agrupación, explicó que la ganancia se queda en manos de los intermediarios, quienes revenden el producto con un aumento superior al 110 por ciento. Los pescadores, dijo, necesitan un precio justo por el camarón; de otro modo no podrán cubrir lo que gastaron antes del levantamiento de la veda.

Ese gasto fue considerable. Entre las 37 cooperativas invirtieron alrededor de 30 millones de pesos en rehabilitar embarcaciones, adquirir combustible y construir equipo de pesca. La mayoría de esos recursos provinieron de préstamos de empresarios, bancos y prestamistas privados, con intereses que Fernández calificó como elevados.

El dirigente rechazó que quienes financiaron a las cooperativas sean “coyotes” del camarón, como se conoce en la costa a los acaparadores que compran barato en la playa y controlan la venta. Sin embargo, reconoció que mientras el precio no se mueva, cada kilo que llega a la orilla abona primero a la deuda y solo después, si alcanza, al bolsillo del pescador.

La Asociación de Pescadores Ribereños insiste en que la temporada debe ser sostenible para quienes dependen de ella. Fernández subrayó que el esfuerzo de reparar pangas y llenar tanques de combustible no puede quedar en números rojos. “El camarón es nuestra vida y nuestro trabajo, pero necesitamos que se reconozca su valor”, expresó.

El llamado es claro: sin un ajuste en el precio de compra, la captura de camarón seguirá siendo más un compromiso con los acreedores que una fuente de sustento para las familias ribereñas.