El calor llega y la CFE vuelve a golpear el bolsillo

Con mayo apenas iniciado y temperaturas que superan los 35 grados en Nayarit, miles de familias enfrentan el mismo temor de cada año: abrir el recibo de la luz y descubrir un incremento que desbalancea la economía doméstica.

La Comisión Federal de Electricidad activó el subsidio de verano el 1 de mayo, un esquema que debería amortiguar el consumo excesivo de ventiladores y aires acondicionados. Sin embargo, el beneficio no se distribuye de manera uniforme: depende de registros históricos de temperatura y no de la realidad inmediata. Así, comunidades vecinas pueden recibir apoyos distintos pese a sufrir el mismo calor sofocante.

El sistema de tarifas, que va de la 1 a la 1F, define el nivel de subsidio según promedios climáticos de los últimos tres años. La lógica es simple: mientras más alta la letra, mayor el apoyo. Pero la trampa es evidente: una ola de calor no modifica automáticamente la tarifa. Familias que sudan igual que en Sonora o Sinaloa terminan pagando más, atrapadas en un esquema rígido que ignora la urgencia cotidiana.

El verdadero castigo llega con la Tarifa Doméstica de Alto Consumo (DAC). Cuando un hogar rebasa el límite mensual permitido, el subsidio desaparece por completo y el recibo puede saltar de 800 a 4 mil pesos en un solo bimestre. La CFE convierte así un servicio básico en una amenaza financiera, sin advertencias claras ni mecanismos de protección para los usuarios.

En estados como Nayarit, donde el calor se adelanta al verano formal, revisar el recibo dejó de ser un trámite rutinario: es una cuestión de supervivencia económica. El subsidio de verano, lejos de ser un alivio pleno, se ha convertido en un sistema desigual que castiga a quienes más dependen de la electricidad para enfrentar temperaturas extremas.