Durante décadas, el café cultivado en las montañas de Nayarit permaneció fuera de los reflectores nacionales. Entre caminos rurales y neblina constante, pequeños productores sostuvieron la tradición que hoy recibe su mayor respaldo: la Denominación de Origen.
El Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) oficializó el reconocimiento el 3 de marzo en el Diario Oficial de la Federación, convirtiendo al Café Nayarit en un producto protegido por su origen geográfico, sus condiciones de cultivo y su identidad regional. El distintivo coloca al estado en el selecto grupo de entidades con productos amparados por esta certificación, junto al tequila y la raicilla.
La declaratoria abre una oportunidad económica para más de 2,300 productores que trabajan cerca de 14,000 hectáreas en municipios como Compostela, Ruiz, Xalisco, San Blas, Tepic y Jala. En estas comunidades serranas, el café es más que un cultivo: es herencia familiar, cultura y sustento colectivo.
Compostela, considerado el corazón cafetalero del estado, ha liderado la producción durante años. Ahí, el aroma del grano tostado convive con talleres artesanales, tabaco y talabartería, integrando una identidad regional que hoy también se impulsa desde el turismo comunitario.
El reconocimiento llega en un momento clave. En 2025, Nayarit produjo cerca de 10,000 toneladas de café cereza y logró conservar la mayor parte de sus cultivos pese a los retos climáticos que afectaron a otras regiones. Ruiz destacó con los mayores rendimientos por hectárea en la entidad.
La meta ahora es posicionar al café nayarita en el mercado internacional de alta especialidad. El sello protege su nombre frente a imitaciones y eleva su valor en mercados donde la trazabilidad y el origen pesan tanto como la calidad en taza.
La entrega de la declaratoria incluyó la clase magistral de café más grande del mundo, avalada por Guinness World Records, con la participación de cerca de mil personas. Aunque el récord funcionó como escaparate turístico y mediático, el verdadero significado está en las comunidades serranas, donde el café sigue siendo forma de vida.
Detrás del reconocimiento persiste una realidad menos visible: pequeños productores que han enfrentado bajos precios, intermediarios y falta de apoyo técnico. La Denominación de Origen no resuelve de inmediato esos problemas, pero abre una posibilidad antes lejana: competir con identidad propia y dejar de vender solo materia prima barata.
Nayarit apuesta a que su café deje de ser únicamente un cultivo regional y se convierta en una marca reconocida fuera del país. El reto apenas comienza, pero el estado ya logró lo que parecía reservado para otras regiones: que su nombre empiece a pesar por sí mismo en una taza de café.

